En torno al cómic
Texto del Dr. Johannes Von Doom con aportaciones de @tipographo La lectura de los cuentos de hadas ha marcado, en su ejercicio moral y de sentido existencial, a generaciones y forman parte de la tradición cultural de occidente. [1] En un país como el nuestro con bajos índices de lectura los cuentos de hadas han logrado posicionarse gracias adaptaciones para el cine y la televisión, además de la persistencia en la la tradición oral de historias tradicionales de los pueblos indígenas. Aunque muchos de estos cuentos, por ejemplo los de los hermanos Grimm, han sufrido modificaciones, su estructura básica es la misma: el bien, que después de una larga tensión, vence al mal. Este esquema se encuentra, casi sin ninguna alteración, en figuras simbólicas de nuestra sociedad: la poesía, el filme y la literatura son algunos ejemplos.
El cómic contemporáneo, con su uso narrativa específica del arte secuencial, ha mantenido el esquema básico del bien contra el mal, y en algunas obras contemporáneas ha logrado superar esta dicotomía acercando su estructura a la de la tragedia o la novela. La historieta, ha funcionado como una versión moderna, de lo que en su momento ha sido el papel concientizador del cuento de hadas.
El cómic narra en su lenguaje secuencial, más parecido al cine que al cuento, los motivos universales de la muerte, el deseo, el orgullo desmedido que condena al fracaso y la ambición. La historieta es relatora, celadora, y productora de la realidad simbólica cultural de su propia época. El cómic inscrito en la historia de l capitalismo tardío y la explosión de los medios de comunicación, al cumplir su función de relator de historias ha amasado una nueva mitología en la que se pueden trazar rutas genealógicas que dan cuenta de la sociedad que lo produjo.
Un ejemplo que ayuda a entender esto son: The X-men.[2] Los “Hombres X” más allá de narrar las aventuras de un grupo de mutantes, narra, de forma velada, la exclusión y la violencia sobre el otro, sobre el diferente, el excluido: “La violencia excluyente no se presenta como violencia en estado puro, arbitraria y brutal, sino como violencia legitima o necesaria […]”.[3] Los grupos afroamericanos, los grupos musulmanes, la diversidad sexual, son sólo algunas representaciones históricas, no-mutantes, que han sido objeto de esta exclusión-violencia y que se reflejan en la premisa de los Hombres X.
Producto de una visión metafísica de la identidad, de corte sobre todo Moderna, la diferencia, producto del horizonte Posmoderno, se presenta como lo nuevo, lo seductor, lo múltiple, lo llamativo; pero también, dentro del juego inclusión-exclusión que la metafísica Moderna, de Descartes a Husserl, ha gestado, la diferencia aparece como lo transgresor, lo caótico, el desencanto, lo des-estabilizador. La otredad, ya no entendido ontológicamente, sino concretizada en la biología diferente del mutante, supone dos movimientos: el de clausura y el de apertura. Lo idéntico y lo diferente se encuentran ligados a modo del tabú con el noah. [4] Lo idéntico funciona como un marco interpretativo, como un paradigma, una amalgama, desde donde el hombre se interpreta como sí-perteneciente-a-un-grupo. En este caso, los mutantes del grupo “X” deben estar situados en algo idéntico al género humano: la historia, el lenguaje, los derechos, y, ontológicamente, la propia condición de humanidad, los identifica y vincula al grupo. Sin embargo, existen una serie de elementos que abren la diferencia del mutante: rasgos fisiológicos, organizacionales , los cuales son motivo de temor y exclusión por parte de un grupo dominante:
“El criterio de inclusión es su propia semejanza con la humanidad construida por ella, y el de exclusión la distancia cultural [5] de los otros de esa misma humanidad. […] La exclusión de los otros, en cambio, produce el efecto contrario: su deshumanización normativa. Una actividad extremadamente violenta que, en su principio, consiste en despojar a los otros de su condición humana”. [6]
La saga de los llamados hombres “X”, debido al gen “X” causante de las mutaciones, muestra constantemente la tensión entre la política de la exclusión-miedo-a-lo-diferente y la violencia que ésta conlleva, por un lado; mientras, por el otro lado, muestra también una veta a la política de la alteridad y la antropología dialógica que ésta supone: “La nueva posición de la alteridad y de la diferencia conlleva una modificación en la arquitectura de la significación filosófica construida sobre una identidad hipervalorada, lo cual supone, más allá de las simpatías y antipatías terminológicas, una deconstrucción de dicha arquitectura. No, desde luego, para dejar su lugar en ruinas o en el vacío, sino abierto a una reorganización o reconstrucción ulterior, incluyendo la alteridad y la diferencia en los nuevos planos, en los que la identidad pierde su privilegio axiológico”.[7] La política de la alteridad, en la saga de los hombres “X”, se encuentra representada por la Dra. Moira Ann MacTaggert, íntima amiga del Prof. Charles Xavier, y por los pocos simpatizantes mutantes. La política de la exclusión está, por su parte, representada en el grupo “amigos de la humanidad” y por el Dr. Bolivar Trask, inventor del robot Sentinel , depositario físico y simbólico de la cruzada anti-mutante.
Los mutantes, los excluidos, enfrentan este problema a lo largo de la saga: ¿Cómo posicionarse frente a un grupo mayoritario que busca someterlos, incluso, en algunos casos, exterminarlos? Aparece aquí la figura de Erick Magnus, mejor conocido como Magneto. Mientras el grupo comandado por Ch. Xavier busca una solución pacífica entre humanos y mutantes, Magneto, aunque ha sufrido modificaciones a lo largo de la saga, busca la liberación mutante, incluso si ésta se da por medios violentos. La figura de Magneto, a diferencia de otros personajes del universo Marvel Cómics, es ambigua. Magneto se vuelve una especie de libertador mutante, estilo Che Guevara, el cual prefiere una guerra a vivir atemorizado. La actitud de Magneto podría ser representada por la sentencia guevariana de “es mejor morir de pie que vivir de rodillas”.Charles Xavier, amigo y contraparte de Magneto, por el contrario es la figura diplomática que busca, por medio del diálogo democrático, que os mutantes y humanos cohabiten fraternalmente. Para evitar una inminente guerra entre humanos y mutantes, liderados por Magneto, Xavier decide enviar a sus equipo, los hombres “X”, a detener los planes de Magneto. La situación se complica para este grupo: por un lado, son mutantes que están luchando contra otros mutantes; por el otro, los humanos, aún cuando son protegidos por los hombres “x”, temen tanto o más que al grupo liderado pro Magneto. Los hombres “X” se encuentran radicalmente solos, no se identifican con ninguno de los dos grupos en cuestión. En la literatura clásica y moderna, una situación similar sucede con el héroe. El héroe se encuentra en situación de desdicha, pero una desdicha esperanzada: sabe que de a poco su situación mejorará, que encontrará aliados en su camino, y sobretodo, que su acción es “salvadora”: El destino de estos héroes es convencer de que, como ellos, uno puede estar perdido y abandonado en el mundo, andando a tientas en medio de la oscuridad, pero, como ellos, la vida irá siendo guiada paso a paso y recibirá ayuda en el momento oportuno.[8]
Esta es una de las principales características del héroe: a pesar de todo, guarda en él una profunda convicción por hacer del mundo “un lugar mejor”. Para ello, el héroe no lleva a cabo una reflexión axiológica acerca de los valores que han de guiar su existencia, ni una reflexión deontológica de la moral. El héroe “sabe” por “inspiración” que su conducta-acción están justificadas por sí mismas. Los héroes mueren por su ingenuidad, dirá Nietzsche. Esta ingenuidad es también aquello que hace que el héroe se mantenga fiel a sus creencias. La ingenuidad hace que el héroe tome la regla social por buena en sí misma. El acto del héroe está siempre en correspondencia de la ley; por ello, nunca se identifica con el villano. El villano viola la ley, el héroe la hace valer: La convicción de que el crimen no resuelve nada es, a final de cuentas, la gran razón por la que el villano siempre pierde. Mientras el héroe está dentro de las leyes: no roba, no mata, no miente, etc., el villano está sobre éstas. En términos psicoanalíticos, el héroe tiene un exceso de súper-yo; el villano carece de éste.
Tal vez la mejor personificación del villano sea la de The Joker. En el Guasón la función represora del súper-yo es inexistente. En el Guasón lo que rige su conducta es el Ello. La pulsión de muerte se identifica con el juego. El guasón encarna al sujeto perverso[9] por excelencia, su crueldad se equipara a la de Gilles de Rais o Joseph Mengele, v.gr., en las versiones animadas, las cuales suavizan a este personaje, El regreso del Guasón y El misterio de capucha roja.
Tanto héroe como el villano resultan sumamente seductores al lector. Ambas figuras están “por encima” de lo humano, pero sin dejar de estar “humanizados”.
La diferencia es sublime y abyecta a la vez, por eso atrae y aleja. El Guasón es tan frágil como cualquier ser humano, envejece, enferma; pero lo que le hace estar “por encima de lo humano” es lo abyecto, lo perverso, su incapacidad para sentir culpa. Superman, extraterrestre, sigue guardando este esquema. Su fuerza y velocidad son “sobrehumanas” del mismo modo que es su capacidad moral, la cual ha sido aprendida humanamente. Superman es la deificación del hombre. Spiderman no es seductor por sí mismo, pero nos fascina en medida en que nos remite a su parte humana. Su alter ego, Peter Parker, sufre una serie de crisis existenciales, particularmente la dicotomía querer-deber, que todo humano, sobre todo el adolescente, como Parker, ha tenido. Thor por su parte ha dejado Asgard para proteger el reino de los hombres, Midgard, enamorándose, dicho sea de paso, de la mortal Jane Foster. Thor está cercano al titán Prometeo, Superman está más cercano a Feuerbach que a Nietzsche.
Por su parte, Iron Man y el Dr. Doom son dos caras de la misma moneda. En ambos su inteligencia sobrehumana, los ha llevado a desarrollar la tecnología, armaduras, de la cual reciben sus poderes asombrosos. El motor tecnológico-psicológico de ambos es diferente. Iron Man busca la gloria, como se lo hace saber al Capitán América en Los últimos vengadores 2. Iron Man resulta una especie de Aquiles contemporáneo. En cambio, Doom busca el poder absoluto como cualquiera de los tiranos que la historia ha conocido. Estos personajes encarnan la Dildónica de la cual habla Beatríz Preciado, aquí el dildo, en vez de ser un productor de placer es un productor de superpoder. El dildo en tanto suplemento, plastifica la sexualidad y establece nuevas relaciones entre lo natural y lo artificial, la dildónica es piedra fundamental de la civilización desde el momento en el que el humano primitivo subroga a un instrumento una función corporal.Entre el villano y el héroe, existe una figura intermedia: el anti-héroe, figura que pocas veces encontramos en los cuentos de hadas. El anti-héroe busca hacer el bien, como es el caso del héroe, pero a diferencia de éste, no es un modelo de virtud. Para lograr sus fine, recurre a cualquier medio, incluso a los ilegales, cosa que está prohibida en el héroe. Este coqueteo con la ilegalidad, lo sitúa cercanamente con la psyché del villano. Si bien es cierto que la gran mayoría de los héroes clásicos del cómic, a lo largo de la historia, han sufrido evoluciones, las cuales los acercan, en más de una ocasión, a la figura del anti-héroe; por ejemplo, Capitán América en Civil War o el mismo Superman tras la batalla con Doomsday, debemos reconocer como personajes icónicos de esta figura psicológica-narrativa a Batman y Rorschach. Batman, resentido, frente al asesinato de sus padres, decide ir más allá que la justicia y las autoridades, incompetentes, de Gotham City. Batman justificará todos los medios para lograr sus fines: golpizas, torturas psicológicas, etc., excepto el asesinato.
[1] Cf. Bruno Bettelheim, psicoanálisis de los cuentos de hadas, Crítica-Paidós, Barcelona-Buenos Aires, 2010.
[2] Jack Kirby y Stan Lee crearon, en 1963, al grupo The x-men (Septiembre de 1963: X-Men # 1). En 1963 tenemos, como hechos históricos: Martin Luther King pronucía su discurso: “Yo tengo un sueño”; el asesinato de John F. Kennedy; el lanzamiento del sátelite Hitch Hiker 1; el surgimiento, en Uruguay, del grupo Tumpamaros . La década de los sesentas, sin embargo estuvo cubierto por una época de desconfianza tanto política como institucional: Fidel Castro, en Cuba, orienta la política económica de su país a la URSS en detrimento de la política geoestrátegica de E.U.A. en 1962 la llamada “crisis de los misiles” supuso el punto más álgido. En 1961 se inicía, en Berlín, la construcción del “muro”. Malcom X es asesinado en 1965. Asesinato del Ernesto Guevara en 1967. En 1968 los movimientos estudiantiles de París, Madrid, Praga y México. Richar Nixon toma la presidencia de E.U.A., en 1969.
[3] Gabriel Bello Reguera, El valor de los otros. Más allá de la violencia intercultural, Biblioteca Nueva, Madrid, 2006, p. 25.
[4] Cf. Sigmund Freud, Tótem y tabú, Alianza editorial, Biblioteca Freud, BA 0626, Madrid, 2005.
[5] En este caso también social y biológica.
[6] Gabriel Bello Reguera, op. cit., p. 22.
[7] Ibid., p. 31.
[8] Bruno Bettelheim, op.cit., pp. 17-18.
[9] “La perversión sólo existe como un desarraigo del ser respecto al orden de la naturaleza. […] la perversión constituye un fenómeno sexual, político, social, psíquico, transhistórico, estructural, presente en todas las sociedades humanas. Todas las culturas comparten elementos coherentes-prohibición del incesto, delimitación de la demencia, designación de lo monstruoso o de lo anormal- y, naturalmente, la perversión tiene su lugar en esta combinatoria”. Elisabeth Roudinesco, Nuestro lado oscuro. Una historia de los perversos, Anagrama, Col. Argumentos 390, Barcelona, 2009, pp.14-15
Esta editorial sirve como introducción a la nueva sección "El discurso del cómic en AdQat", sostenida por el Dr. Johannes Von Doom y @tipographo. El propósito de este espacio será presentar y discutir diferentes temas que son abordados por una gran diversidad de cómics y que son una fuerte influencia en la formación ideológica, cultural y política de millones de personas, sobre todo los jóvenes.
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